viernes, 18 de septiembre de 2009
Vuelve el adiós
Hace unos días, este espació había desaparecido, según un aviso de Blogger. Extrañamente ése sí era el adiós definitivo. Aunque no lo visito a menudo y mucho menos escribo en él, la nostalgia de lo desaparecido para siempre se me instaló en una pantanosa región de la cabeza. Sin embargo, aquí está de nuevo, sin explicación alguna. Así como se fue, volvió. A la desidia otra vez, a instalarse en la monotonía del abandono. Bienvenidos, otra vez, al retiro, al largo adiós.
sábado, 1 de agosto de 2009
Desde fuera
Recorrer las avenidas de siempre, encontrarse con una tarde luminosa y una hilera de charcos, y la demasiada luz que forma paredes con el polvo, retornan a cualquiera a las páginas impresas. No hay remedio. Se abandona la literatura pero no la nostalgia de ese túnel. Se vuelve de a poco, casi como una enfermedad que renace.
jueves, 10 de julio de 2008
Escribir, dejar de hacerlo
Como decía meses atrás aquí mismo: difícil escribir todos los días, tratar de escribir una página decente cada mañana. Admirable quien escribe diario como si fuese el desayuno. Todo es un proceso mental. Al menos así lo creo. Para otros, supongo, ese proceso en el que maduran las palabras y las frases es continuo. Para mí es fragmentado, la maduración es lenta. Claro, si me impongo un ritmo de escritura es seguro que lo cumpla. El resultado, empero, sera una auténtica trama de barbaridades. Necesitaría escapar del mundo para hacerlo. Porque el mundo me distrae de la escritura (afortunadamente). Necesitaría de una habitación cerrada, del mundo detenido, callado, lejos de la cabeza. Pero sin el mundo moviéndose difícil también la escritura, imposible un milagro secreto de factura borgesiana. La escritura requiere del tiempo que corre, de los segundos que se utilizan para escribir esta palabra. Ergo, escribir y dejar de hacerlo resultan una actitud semejante, un círculo vicioso en el que, una vez adentro, hay que perder toda esperanza.
lunes, 30 de junio de 2008
Volverán las ruinas y vendrán del cielo
Una buena manera de abandonar la literatura (cosa que, a pesar de todo, veo difícil mas no imposible), pienso, es hablar de otros asuntos, no lejanos pero sí distintos.
Veremos.
Últimamente subo a la azotea de mi edificio y busco la ruta de los aviones comerciales sobre la ciudad de México (si es que la recurrente niebla lo permite, claro). Aterriza uno cada tres o cuatro minutos. Sólo basta mirar un poco para ver, se dice. Cuando estoy en casa, en ocasiones, imagino los aviones cada cuatro minutos volando encima de nuestras cabezas. Algo parecido a mirar en un estante un libro cerrado y ya leído y pensar, si es una novela, en las acciones que en ella se cuentan. Ciertas correspondencias, similitud de formas que no son complicadas de descubrir si se mira, si se toma un segundo.
Pero los aviones, quizá desde un suceso por todos conocido, me hacen soñar en bombardeos, en catástrofes cercanas a una singular, a una soberbia obra de arte. En otro momento vi un pesado avión militar sobre la ciudad y es una imagen que conservo. La posibilidad de que hubiera un bombardeo en México, como en Beirut, como en Palestina, se me figuró casi palpable.
Lo digo de nuevo, siempre lo he dicho: crecimos con una fascinación enferma por la violencia. Una violencia que norma nuestras vidas y asoma en cualquier instante, una estética del Apocalípsis que nos gobierna. Lo curioso es que no siempre es para mal. La violencia puede atraer la depresión pero, también, promover la creatividad. Destruir con inteligencia, con ingenio. Otra forma de incidir en el mundo.
Sin embargo, me apasiona más imaginar, recrear en un relato, la hipotética destrucción de la ciudad de México.
Indudablemente la ciudad será destruida, no importa cómo. Seguro no estaremos para verlo, no es nuestra la suerte.
Si al final no abandono la literatura, emprenderé la escritura de una novela apocalíptica que se cocine en las entrañas de la colonia Juárez o en los ruinosos edificios de la Candelaria de los Patos.
Será un acto catártico.
Últimamente subo a la azotea de mi edificio y busco la ruta de los aviones comerciales sobre la ciudad de México (si es que la recurrente niebla lo permite, claro). Aterriza uno cada tres o cuatro minutos. Sólo basta mirar un poco para ver, se dice. Cuando estoy en casa, en ocasiones, imagino los aviones cada cuatro minutos volando encima de nuestras cabezas. Algo parecido a mirar en un estante un libro cerrado y ya leído y pensar, si es una novela, en las acciones que en ella se cuentan. Ciertas correspondencias, similitud de formas que no son complicadas de descubrir si se mira, si se toma un segundo.
Pero los aviones, quizá desde un suceso por todos conocido, me hacen soñar en bombardeos, en catástrofes cercanas a una singular, a una soberbia obra de arte. En otro momento vi un pesado avión militar sobre la ciudad y es una imagen que conservo. La posibilidad de que hubiera un bombardeo en México, como en Beirut, como en Palestina, se me figuró casi palpable.
Lo digo de nuevo, siempre lo he dicho: crecimos con una fascinación enferma por la violencia. Una violencia que norma nuestras vidas y asoma en cualquier instante, una estética del Apocalípsis que nos gobierna. Lo curioso es que no siempre es para mal. La violencia puede atraer la depresión pero, también, promover la creatividad. Destruir con inteligencia, con ingenio. Otra forma de incidir en el mundo.
Sin embargo, me apasiona más imaginar, recrear en un relato, la hipotética destrucción de la ciudad de México.
Indudablemente la ciudad será destruida, no importa cómo. Seguro no estaremos para verlo, no es nuestra la suerte.
Si al final no abandono la literatura, emprenderé la escritura de una novela apocalíptica que se cocine en las entrañas de la colonia Juárez o en los ruinosos edificios de la Candelaria de los Patos.
Será un acto catártico.
miércoles, 2 de enero de 2008
Si tienes un blog, atiéndelo
Confirmo con cierto entusiasmo mal avenido y un dejo de melancolía que alguien aún se asoma a este ruinoso blog. Lo desconcertante es que no se lea atendiendo las palabras. Tampoco está mal eso de realizar lecturas bizarras. Hace apenas un par de días alguien me comenta aquí mismo "si tienes un blog, atiéndelo". Si desde agosto no escribía en él, quizá -pensaría yo si fuera el visitante- el autor se despidió por fin y para siempre de la literatura, meta que esta página persigue desde el título. Bueno, vuelvo para reír. Es un placer escribir sin muchas pretensiones.
Bueno, por hoy atendí mi blog.
Vengan los aplausos.
lunes, 20 de agosto de 2007
Retorno maléfico
Vuelvo. Una pausa larga.
Y regreso para no decir mucho. Tal vez me interesa más la imagen que antecede a estas breves líneas.
Y regreso para no decir mucho. Tal vez me interesa más la imagen que antecede a estas breves líneas.
Y el miedo.
Peligrosas palabras. Les ando huyendo. Aprendí a temerles. Cuando uno porta ese temor se escribe poco y lento o se escribe mucho y rápido, sin detenerse a ver. Es decir, se emplea el parapeto o la velocidad. Regularmente yo me resguardo, no me muestro. Dejo a mi sombra expuesta, que la desgarren como a un frágil overol. Me desnudo a contraluz. Me cubro en las comas, me hundo en el punto final.
Sin duda, vuelvo para huir.
Sin duda, vuelvo para huir.
viernes, 20 de julio de 2007
De súbito, casi como un suspiro
Luego de una pausa, regreso. Escribir todos los días sería una tortura, por eso tardo en volver. De cualquier forma escribo estas líneas sin rumbo, aguardando que algo se presente en ellas, una gran idea, una nueva forma. Es difícil. Aunque si lo pensamos bien, los descubrimientos mayores se dan así, en el ocio de la escritura, en la verborrea por gula.
Aquí a veces llueve, otras sólo amenaza. Voy de un lado para otro. Leo. Me siento frente a una computadora con la intención de escribir una gran página. Me acuesto en un rincón y miro el techo de mi casa. Imagino que pronto un fantasma ha de habitarla. Por lo menos para que me den ganas de irme de una buena vez. Es decir, la vida permanece en su sitio, esperando segura los fúnebres ramos, la tierra húmeda o seca sobre sí, una lápida de letras.
De repente, como antaño, todo me sorprende otra vez. Salgo a la calle para la sorpresa.
De súbito, casi como un suspiro, el ostracismo.
Vuelvo a la caverna.
viernes, 29 de junio de 2007
Fundido a negro
Un fondo negro, como éste. Letras blancas, como éstas. Negro, siempre negro. Porque el negro ofrece la ilusión de profundidad, de desfiladero; el blanco, de muro. No hay soportes negros confiables. Todos, en algún momento, se abisman. El blanco -como el blanco de las hojas de los libros- es medianamente confiable, en todo caso se te vendrá encima, no hay idea de viaje, de caída. No sé hacia dónde voy. No quiero ir a ningún lado, no, ya no, pero me desplazo sin voluntad, como una sonda perdida en el negro profundo.
Por eso la noche mejor que el día.
Por eso mejores las historias nocturnas.
Por eso.
lunes, 25 de junio de 2007
Lo que vendrá
No sé por qué pero presiento que en esta ciudad pronto acontecerá algo. Algo terrible o estupendo, lo mismo da. ¿Acaso no lo notan? Se adivina en ciertas sombras fugaces durante las noches de lluvia, caminando. Creo advertirlo y experimento una combinación extraña en esos instantes: entusiasmo y terror. Ojalá algo pase y pase pronto. Llevamos prisa. La tragedia o lo maravilloso, dondequiera que nos encuentren, bienvenidos sean.
Sigamos buscando en las sombras que permite la lluvia, en los papeles borrados por la humedad de las banquetas. Ya viene. Quizás ahora, aquí, en el próximo minuto.
Sigamos buscando en las sombras que permite la lluvia, en los papeles borrados por la humedad de las banquetas. Ya viene. Quizás ahora, aquí, en el próximo minuto.
Lo terrible: seguro no nos daremos cuenta.
Lo fabuloso: seguro no nos daremos cuenta.
martes, 19 de junio de 2007
Mi vida perfecta
Qué se hace, qué se dice en los días en que no quiere decirse nada. Quizá lo más sencillo es quedarse callado, andar por ahí, dormir un rato, salir de circulación algún tiempo. Sencillo sería poder desconectarse, desconectar el mundo, que se detenga todo mientras nos reponemos. No es posible, nunca lo ha sido, no en mis días. Nada es perfecto en nuestra vida perfecta. Ojalá fuera fácil, común, decidir un suicidio como se elige un libro en la librería, la historia que queremos que nos cuenten (en este caso, la historia que nos relataremos: la última). Mi vida es como una larga fila de libros que ya no leeré. No importa los que no escribamos, a quién puede interesarle, ni a nosotros. Importa (no, no importa) lo que ya no vendrá.
Pero, bueno, la literatura va a desaparecer.
Es una promesa.
Retornemos a la fe.
domingo, 10 de junio de 2007
Noticia urgente: el mundo no ha cambiado
Niños nacen, asaltan casas. Ergo: nada ha cambiado, nada va a cambiar. Hacía tiempo que, a pesar de todo, nadie ni nada me lo recordaba. Es bueno desperezar la memoria y más con el auxilio de las tardes de lluvia que, indefectiblemente, nos remitirán a los días que en algo eran distintos. La noche siempre unánime, las calles húmedas: un motivo para volver a la vagancia.
Y la vagancia nos devuelve adonde nunca debimos entrar: la literatura.
Ni modo, aquí nos tocó.
Volvamos a las calles.
Salud por el nuevo sobrino.
miércoles, 6 de junio de 2007
Cura eficaz
Luego de la enfermedad, vuelvo. Una curiosa, dolorosa, pero efectiva receta me devuelve a escena. Absorber limón por la nariz. La cura. Se llora mucho, quizá demasiado.
Tomen nota.
¿El mundo no se detuvo?
Tomen nota.
¿El mundo no se detuvo?
viernes, 1 de junio de 2007
Exhibición pura
Una cosa es la descalificación sistemática y otra la crítica, lo sabemos. La crítica es un instrumento de poder, sí, pero la descalificación es una forma de ostentar un poder que no se tiene y que se pretende a través de lo fantasioso. Ergo: exhibición pura. ¿Acaso no es mejor la elegancia?, me pregunto. Pero para lograr la elegancia -me respondo-, y una buena crítica, hace falta más que talento en el penoso arte de la descalificación.
Es tan sencillo razonar un poquito, ¿no creen?
Cualquier semejanza con la realidad no es coincidencia.
¿Hace falta decir nombres?
(Lo anterior, elegancia pura. ¿Que no?)
P.D. Otra foto de regalo.
jueves, 31 de mayo de 2007
Derrumbe con nubes
Hoy otra vez para abajo, desbandada, derrumbe, desplome y otros etcéteras. El que se cae para arriba. Hoy es cuando uno no quisiera despedirse de la literatura (o quizá la literatura es la que se despide de nosotros). Porque -bien se lo aprendí a alguien- al final lo único que queda (que nos queda) es la literatura, inasible pero siempre a la mano.
Ni modo.
Ya qué.
Por último, un aviso:
Si esto intenta ser un diario, mejor que se retracte. Va a fracasar. Si esto se pretende un receptáculo de quejas, mejor que se retire hulmildemente (así como se cuenta hacen los caballeros). No voy hacia allá, no iré. No quiero, ya no quiero. No.
P.D. Perfecto día para la foto de las nubes. Toda suya.
miércoles, 30 de mayo de 2007
Hola, vida sin sentido.com
Alfonso Nava y Juan Maya, siempre con grandes ideas para compartir, sugieren que esciba un blog paralelo a éste y que se llame hola,vidasinsentido.blogspot.com Lo pienso seriamente. Ojalá alguien me ayude a escribirlo. Seguro será un fracaso.
¿Algún valiente?
De regalo, una foto: cómo puede decirse un amanecer en la Juárez. Ja
De regalo, una foto: cómo puede decirse un amanecer en la Juárez. Ja
martes, 29 de mayo de 2007
Bicicleta fantasma en el Zócalo
Ya que han vencido el temor de acceder a esta catacumba llamada adiosalaliteratura, supongo que no se sorprenderán de los fantasmas. Como según se cuenta -corren rumores en cada rincón del aire-, ya están entre nosotros (pero quién, qué). Los avistaremos en cualquier lugar sin previo aviso. Un humo o un vapor que se torna figura conocida. Los muertos caminando otra vez la calle.
En fin, ahora los dejo.
Afuera gritan mi nombre.
lunes, 28 de mayo de 2007
Escribir por última vez
Escribir un blog llamado adiósalaliteratura es, de antemano, una burla, autoescarnio puro. Intentaré, por lo menos, divertirme.
Alla voy.
Me doy la bienvenida.
Les doy la bienvenida.
Entren bajo su propio riesgo.
Alla voy.
Me doy la bienvenida.
Les doy la bienvenida.
Entren bajo su propio riesgo.
viernes, 26 de enero de 2007
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